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13 de abril de 2018

Yo, yo, primero yo



Yo. Yo. Primero yo, después yo y, si hay algo de tiempo, también yo.
Sí, yo. Vos no. Me molestás. Yo te uso cuando me servís.
Yo, yo... Sí, yo... Mi cuerpo, mi vida.
Yo, yo, yo, yo, vos no... Yo.


En estos días se difundió por las redes sociales, y luego por los medios como diarios, radios y televisión, el caso de una madre que castiga e insulta a su hijo de dos años y medio de una manera terrible, desmesurada, tremenda. Hasta dijo que lo iba a ahogar. Pero esto... Que fue filmado y difundido por una señora que hacía trabajos domésticos en la casa quedó como un caso policial, prácticamente.

Pero de este asunto, me voy a detener en algunas de las cosas que decía la madre en medio de los gritos...

Que quería más tiempo para ella misma. Que necesitaba descansar. Que tenía que hacer cosas de ella. Que quería una vida mejor...

Y lo engancho con el argumento que usan las abortistas todo el tiempo, lo repiten todo el tiempo. Y es "es mi cuerpo". Mi cuerpo.

¿Por qué? Una de dos cuestiones. ¿Por qué así? Porque esto es lo que muestra un problema que ya es cultural en mucha gente en la sociedad. La prioridad es yo. No el otro, el otro me molesta. Al otro lo uso cuando me hace falta.

Yo. Yo. Yo.

Mi tiempo. Mi cuerpo. Mi vida.

El hedonismo en su máxima expresión. El individualismo, el egoísmo. El no reconocer al otro como parte de nuestra vida.

Es el hay que disfrutar de la vida, hago lo que quiero cuando quiero y como quiero. El otro no me importa. Que el otro haga lo que quiera.

Hago lo que me viene en ganas. Hago lo que me gusta. Hago lo que me conviene. Hay que disfrutar de la vida.

Estas actitudes, estas formas de pensar la vida nos revelan mucho sobre la sociedad en que estamos viviendo.

A mucha gente le cuesta tomar al otro como una persona más en nuestra vida. Somos sujetos sociales, no somos individuales. No podemos vivir ni satisfacer todas nuestras necesidades viviendo solos en una cueva.

El otro, incluso los hijos, no entran en esta ecuación para mucha gente, hasta los hijos son molestos para el propio disfrute de la vida.

En los medios de comunicación se han difundido, por ejemplo, testimonios en el ámbito de la discusión por el aborto, de mujeres que hasta se arrepienten de haber tenido hijos. Hasta ese punto llega la propaganda a favor del yo.

Es no poder ver la vida como un todo. Solo el yo, yo, yo, yo... Yo.

Los psicólogos saben muy bien, al igual que los sociólogos, que esto es un mal de la sociedad actual. Lo peor es que hay psicólogos y sociólogos que se contradicen apoyando, por ejemplo, el aborto. Porque apoyan otro tipo de cuestiones como el disfrute del "fitness", el adorar el cuerpo personal y contradiciendo su propia profesión no lo ven como algo que es un problema que es una exageración del yo. Otros, claro que no y lo explican muy bien. Es una patología.

Sí, porque es un problema muy serio cuando nos encontramos con una persona a la que le cuesta y hasta niega el construir una vida con los demás. No puede percibir que los demás también son parte de su familia, vida.

Por ejemplo, cuando vamos a comprar comida a un almacén...
  • ¿Qué compramos? Qué se yo, un montón de cosas... Puede ser un frasco de dulce. Ahora, ¿quién vende el dulce? Porque si no fuera por el almacén yo no puedo comprar ese dulce, dependo de otro. El almacenero puede tener ese dulce si alguien se lo distribuyó desde la distribuidora. Y la distribuidora lo recibió, a su vez, de la fábrica. Y en la fábrica hay gente trabajando para que vos tengas tu dulce en tu mesa. Y para poder tener un dulce hay gente trabajando en el campo produciendo azúcar... Produciendo fruta... Todos dependemos de todos. Nadie puede abastecerse solamente a sí mismo, sobre todo si tiene esa idea del yo, yo, el disfrutar de la vida, hago lo que quiero y quiero todo lindo, hermoso y precioso... Quiero todo cómodo...

Es decir que, para esta gente, tampoco existe el irse a vivir solo a una cueva. Además hasta en lo sexual, si vas a vivir solo a una cueva no le sirve porque necesita a otra persona para que le dé disfrute... Para que le dé placer. Lógicamente que cuando se logra el placer ya lo corta y chau. Hasta después veremos cuándo.

Negar hasta a los propios hijos... Eso es patológico, hay un problema que ya no es individual porque se repite socialmente en millones de personas.

Es decir, es una patología; por más que a alguno no le guste, es patológica...

Es una patología en donde el amor, el cariño... No tienen cabida, no entran... No registro al otro como un par, como un complemento. Como alguien con el que mi vida no es plena sin el otro, no puedo disfrutar de la vida sin el otro.

El estar encerrado en sí mismo y no registrar a los demás tiene que ver con las propias emociones. Tiene que ver con el tener o no tener condiciones afectivas. Es como un gran autismo social. Un gran autismo en donde nos limita el poder sentir a los demás, sentir amor, cariño y hasta incluso bronca y odio. No importa.

2 comentarios:

  1. Muy buena reflexión Martín. Me acuerdo cuando investigamos la anomia social en sociología hace varios años, y es impresionante como con el paso de los años en vez de mejorar como sociedad, las personas se aislan mas y mas. Ojala se recapacite y se pueda avanzar hacia una Argentina mejor para todos.
    Atentamente:
    Marcos Schroeder

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    Respuestas
    1. ¡Marcos, qué gran gusto leerte!
      Justamente, esos temas son tan importantes que no se puede dejar de lado. Lamentablemente, hace bastante que esto no se ve más en las escuelas públicas. Qué triste.
      Hay mucho más para decir, pero por radio no puedo, tengo que ser bien resumido, ja, ja, ja... Si no, no se entiende.
      Te mando un abrazo enorme...

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